Raising Awareness and Understanding of Traditional Timekeeping

Artículos

“Se Puede Justificar el Ciclo de 11,952 k’ines de la Tabla de Eclipses?” Es un capítulo de Geraldine Patrick Encina, en el libro La Vida Bajo el Cielo Estrellado: la arqueoastronomía y etnoastronomía en Latinoamérica, editado por Stanislaw Iwaniszewski, Ricardo Moyano Vasconcellos y Michał Gilewski. Este documento descargable contiene el libro completo en pdf.

En este número de Tlaloque, encontrarás mi artículo “La Pirámide de la Serpiente Emplumada, Teotihuacán. Su relación con Venus vespertino, las lluvias y el cierre de 13 Bak’tun.” Propongo que hubo una motivación doble para alinear los basamentos dedicados a Venus vespertino al sol del 3 de mayo al ocaso: una, porque como lo ha demostrado Šprajc, Venus vespertino alcanza su máxima aparición al norte sobre el horizonte a inicios de mayo, y dos, porque el pueblo olmeca y el pueblo maya vincularon astronómicamente la culminación de 13 Bak’tun (13 Baktun) a la fecha 4 Ajaw 3 Kank’in, que corresponde al 3 de mayo de 2013 (y no como se ha estado manejando, el 21 de diciembre de 2012).

Muye, el Tláloc otomí, qué papel juega en las veintenas? Es un artículo publicado en la revista Tlaloque No 19, que muestra la manera en que los escribas otomíes procuraron insertar sus propios conceptos durante el sojuzgamiento mexica. En efecto, muchos de los códices con contenido calendárico han sido atribuidos a la producción intelectual y cultural mexica. Esto ha llevado a inter-pretar las celebraciones de cada veintena en función de las deidades de la „religión mexica‟. Al rectificar el sustrato intelectual y cultural de los códices calendáricos, las fiestas de las veintenas adquieren connotaciones otomianas poco exploradas (salvo por autores como Pedro Carrasco, Beatriz Albores Zárate, Isaac Díaz Sánchez y Carment Aguilera), lo cual nos lleva a interpretar los elementos de dichas celebraciones de nueva cuenta.

En Tlaloque No 13, hay tres artículos interesantes. El primero es “La Piedra de los Tecomates, Tláloc o Chalchitlicue?”, donde Jennie A. Quintero Hernández revisa la literatura histórica y la etnografía acerca de esta “deidad manifiesta en piedra” que fue oculta en un monte en las faldas del Cerro Tláloc para evitar que los españoles la destruyeran. El segundo artículo es “Los Colores de Tláloc en los murales teotihuacanos y su relación con los rumbos del universo”. Su autor, Bruno D. Díaz Pérez, explora si acaso los códices del altiplano central muestran una consistencia en el manejo de los colores de los tlálocs en el microcosmos espacial que es Teotihuacán. Es una primera aproximación al rico manejo de colores en los barrios de Teotihuacán, como Atetelco y Tepantitla. El tercero es de Ofelia Márquez Huitzil, “Ixchel, una diosa vinculada con la Luna y con el Agua,” donde la autora revisa la iconografía maya y del Altiplano Central para abordar los siguientes temas: La Luna como joven y sus asociaciones con lo blanco, el arco iris, lo calcáreo, la muerte, la Tierra, la Madre, el Agua, el Cenote, el Espejo, la jícara, el mar, los ríos, la lluvia, el Cabello, la Serpiente, los gestos de las manos, la Flor, la sexualidad y la Luna Vieja, como consorte del dios del origen, sabia, tejedora y médica.